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El empoderamiento ciudadano reflejado en la arquitectura

En 2015, el Ayuntamiento de Madrid aprobó la construcción de la biblioteca sobre un solar situado en la plaza de San Fermín. Un grupo integrado por técnicos municipales y vecinos comenzaron a reunirse.

El barrio de San Fermín, debido a su situación geográfica en Madrid, se enfrenta a un “déficit” en todo lo que tiene que ver con la cultura. Así lo sienten sus vecinos. Por esta razón, en el año 94, comenzaron a organizarse para reivindicar este equipamiento vecinal. Consiguieron que, al menos, se habilitase un aula en el albergue de San Fermín que asumiese las funciones de una biblioteca, con préstamo de libros y algún elemento más. Pero lo que realmente necesitaba este barrio era una infraestructura nueva, señala Victor Renes.

Creemos que lo hemos conseguido porque el proyecto es el de un edificio funcional, que se adapta a las distintas dinámicas culturales del barrio, a usos y perfiles sociales diferenciados

En 2015, el Ayuntamiento de Madrid aprobó la construcción de la biblioteca sobre un solar situado en la plaza de San Fermín. Un grupo integrado por técnicos municipales y vecinos comenzaron a reunirse. Su primera labor fue cartografiar los recursos del barrio y contactar a todos los colectivos representados. Se pusieron en marcha talleres en colegios y se recogieron opiniones de niños y jóvenes para tener en cuenta las sugerencias de estos colectivos. “La clave de todo el proceso ha sido superar la desconfianza de los vecinos ante las instituciones”, asegura Marisol Mena, directora general de Intervención en el Paisaje Urbano y el Patrimonio Cultural. Reconoce que comenzar un proyecto desde cero es más sencillo para poder “soñar y convertirse en arquitectos a nivel conceptual”.

Y así fue. Los vecinos comenzaron a idear lo que querían para su biblioteca. 3.130 metros cuadrados construidos en donde se han estructurado tres plantas y un sótano, y con una parcela de 1.900 metros. En la planta baja o el sótano los usuarios podrán hacer actividades que requieran un mayor impacto sonoro como tocar el piano o debates. “La biblioteca se ha diseñado en función de los niveles de ruido. Y los jóvenes querían tener un lugar donde poder encontrarse cuando saliesen de clase y trabajar en grupo”, explica Mena. Es una de las necesidades que más demandaba el público joven, pero este edificio responderá a otras peticiones como la lectura y el préstamo de libros en la primera planta -denominada de los susurros– y el estudio para el que se reservará la tercera planta o ático –planta del silencio-. Dispondrá también de una terraza de 230 metros cuadrados con vistas a todo el barrio, donde también se podrá leer al aire libre.

Los jardines de la biblioteca serán destinados a actividades culturales donde hacer representaciones de teatro, conciertos y otras modalidades. En esta ‘biblioplaza’, los vecinos podrán proponer actividades y realizarlas de forma altruista. “No es un jardín, es un espacio de extensión educativa de la biblioteca”, sentencia Mena. En este espacio, se podrá proyectar cine de verano, hacer teatro, jugar a juegos de mesa o trabajar con el ordenador. Y es que esta biblioteca se plantea como el lugar “no solo de los libros”, insisten desde la asociación de vecinos, es también un espacio para la cultura en donde otras actividades y dinámicas “cobrarán protagonismo”. “Es un modelo de biblioteca del siglo XX abierto a las necesidades y a los proyectos de un barrio”, añade Marisol Mena. Es como “la piel del barrio”.